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La Batalla de Las Bestias

La Caja de Zapatos

    La mañana de un sábado cualquiera dejaba entrever una tibia luz de sol por las rendijas de mi ventana, me levanté para abrirla de par en par. En aquel momento del año la mayoría de los árboles, arbustos y hasta la maleza que abundaban en el patio de la casa, verdecían y desprendían con más intensidad sus aromas entremezcladas. Justo cuando la luz cegaba momentáneamente mis ojos infantiles, llamó mi atención una figura curiosa que no lograba reconocer y se sostenía frente a mí en una rama solitaria. Froté mis ojos, creyendo que podía estar confundido con el capullo de alguna flor, pero fue mayor el asombro cuando se aclaró la imagen de un pájaro que no había visto antes entre los muchos que venían a visitar ese patio, una pequeña ave de un azul intenso que me miraba fijamente. Lucía calmado, atento, me demostraba que la curiosidad era recíproca. Lo estudié silenciosamente antes de desear salir corriendo a contarle rápidamente a mi abuelo, sin embargo, di unos pasos silenciosos, retrocediendo con los pies descalzos, antes de atravesar la puerta que se encontraba del lado opuesto a esa ventana y luego sí corrí a todo dar. Mi abuelo vino hasta mi ventana,  el pájaro ahora lo observaba a él, mostrándose siempre seguro, confiado. Era real.    

El patio era un sitio muy solicitado por diferentes familias de aves y otros animales, era un espacio único ya que, aunque nos rodeaba la ciudad,  pendiente abajo y muy cerca, estaba el bosque. Esa particular ubicación nos brindaba un cuadro verde y perpetuo de la naturaleza que podía verse claramente durante el día, si no estaba nublado. Por otra parte la ingeniería empírica de mi abuelo le sirvió para construir un gallinero a cielo abierto que invitaba a las aves silvestres a servirse de lo que necesitaban para su subsistencia. Había agua, comida y diferentes árboles para pernoctar y protegerse, de hecho los otros animales venían a consecuencia de las aves, los gatos citadinos merodeaban, pequeños lagartos come huevos y en una ocasión ¡un mono!

Pasaba horas observando ir y venir azulejos, tortolitos, golondrinas, cardenalitos, tordos, loros guaros, guacamayas, loritos mangueros, turpiales, lechuzas, colibríes, carpinteros, gavilanes, tantos otros que no recuerdo. Cada uno de ellos en su momento fue un descubrimiento para mí, nunca quise hacerle daño a ninguno, pero tampoco nunca, ni los más grandes se quedaban observándome con la calma que tenía este pajarito. No entendía su valentía, ¿confiaba en mí o confiaba en sí mismo? O tal vez estaba herido, tenía mucho rato en esa rama, llegué a estar casi seguro de que se trataba de eso, así que hice un pequeño experimento: agité los brazos a ver si se espantaba pero solo me observó con lástima. No pasó mucho rato para que volara tranquilamente hasta una totuma con agua puesta para calmar la sed de las gallinas, sumergió su pico tres veces y regresó a la rama, tan cerca. Durante todo el día volví cada tanto a la ventana y varias veces nos miramos hasta que antes de anochecer ya no estaba.

Los domingos de un niño que vive entre viejos son para dormir a placer, pero este domingo venía con una incógnita, temprano frote mis ojos y abrí la ventana: ahí estaba. Sentí como un reencuentro con un familiar que se ha ido por mucho tiempo, fue su regreso lo que me hizo darme cuenta que lo extrañaba, parecía ser su decisión estar en nuestra casa, estaba convencido de que ese pájaro extraño, hermoso y confiado, como un ser pensante había escogido vivir en nuestra casa y ser parte de nosotros. Le conté a mi abuela y a mi abuelo sobre el regreso y ellos a su vez le contaron a otros. Alguien le dijo a mi abuela que se trataba de un periquito australiano, que estaban de moda entre los vendedores de aves y que probablemente al haber vivido en cautiverio estaba acostumbrado a la presencia humana. De todo aquello no había certeza pero seguro explicaba su rareza y su confianza.

Periquito australiano azul.

El temor de perderlo ardía en mi pecho, los gatos nocturnos ahora me parecían panteras, los pájaros que iban y venían del bosque eran ahora aves de rapiña, cualquier persona con una ventana cerca era un cazador y traficante de aves, su belleza era su perdición. De pronto el mundo estaba en nuestra contra, su confianza me parecía ingenua, y su decisión de estar allí acertada, esta hermosa ave exótica cruzó el mundo para posar ante mí, así que ahora debía ser mía. 

Rápidamente le dije a mi abuelo que me ayudara a capturarlo, no teníamos una jaula pero había que hacer algo ahora, luego pensaríamos en los detalles, me dijo para mi perjuicio, que no es nada fácil atrapar a un pájaro, sobre todo uno tan pequeño; mis preocupaciones se multiplicaron,  tenía que ser pronto ya sabía yo que se iría con el ocaso. Corrí hasta la ventana, no estaba, ¿Presintió nuestras intenciones? ¿Habría estado bien capturarlo?

Ese lunes que pesados estaban mis zapatos colegiales, conocí el despecho, la incertidumbre, ni siquiera la historia me servía, ¿Quién iba a creer semejante cuento? Faltaba lo más importante: la prueba. Cuando volví del colegio había perdido el fin de semana, la atención y el apetito,  mi abuela me dijo que mi abuelo me tenía una sorpresa, frase que terminé de escuchar mientras corría hacia la cocina donde lo encontré terminando tomarse una taza de café, luego de saludarme entre risas agarró una caja de zapatos con huecos que estaba en el techo de la vitrina, el ave silbaba violentamente desde adentro. Me temblaban las manos al recibir esa caja, podía sentir su pasos, el revoloteo, el final de una la larga travesía desde otro continente, todo el amor del mundo, la belleza, la libertad, la confianza, la conexión con la naturaleza, la creación misma estaban encerradas en el cartón ahuecado de una caja vieja, la incontenible emoción que me producía el querer verle, certificar que estaba ahí y que de ahora en adelante sería mía. Mi abuelo quiso ayudarme a abrir solo un poco la tapa, no más de lo necesario. Con fuerza se abrió paso, voló.

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Comentarios

  1. Miguel , me encantó tu cuento ; me trasladó de inmediato a un escenario que conocemos .
    Escribe más, así se empieza

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  2. Muchas gracias, todavía tengo algunos cuentos en el sombrero.

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  3. Una evocación al amor y a la libertad. Me encantó.

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  4. Exito Miguel muy bueno el cuento y de está manera incentivar la lectura en estos tiempos difíciles...Saludos

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  5. Tienes espíritu y talento, continua escribiendo tengo sed de leer tus cuentos.

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  6. Me gustan los finales felices. Gracias mi queridísimo

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  7. Hola Miguel, me encantó este relato. Me quedé con ganas de conocer el patio de tus abuelos. ;) Excelente legado de añoranzas y vivencias se siente en estas líneas. Gracias, gracias, gracias por compartir estos cuentos que despierta los sentidos.


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